Feb 24, 2010

Plumeros en las noches que no prenden.

-Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia.
Sobre todo vos.-


La primera vez que vio aquellas luciérnagas sólo contaba con 9 años. Su pequeña luminosidad hizo que Fabián se frotara los ojos una y otra vez. Como en un cuento, la imagen era irresistible, perfecta. Los arboles, en el jardín de la vieja casa, acompañaban el espectáculo de luces que sin duda volvería a él año tras año. Sus sueños de chico, aquella vieja y desolada sensación de estar creciendo y perseguir una luz de la que casi podía considerarse constructor. Ahora estaba viejo, las encendidas amigas empezaban a perder su brillo y había algo, algo en ellas, que destilaba un mensaje, alguna lección tardía que no había aprendido a tiempo, algún corte; o tal vez, sólo fuera él, ya anciano, que empezaba a perder la memoria y así, a olvidarse el fin, la meta de aquella travesura infantil que lo llevó una noche de verano a refugiarse en los cálidos vientos nocturnos, rodeado de bichitos de luz.

Fabián no recordaba ni cómo ni cuándo. Sólo que una tarde de enero, en alguna siesta de los mayores, había fantaseado con la llegada de la noche y la presencia de un lampírido que fuera capaz de mantenerse prendido en la larga oscuridad de la noche. La hora de dormir era para él un castigo divino, alguna hazaña perversa en la que los objetos tomaban vida y coexistían con su mundo, que se perdía en el de ellos y sobrevolaba sobre los mismísimos miedos de un demonio que deseaba asfixiarlo, apagarlo.

Como arma de defensa, había tomado un plumero. Sabía perfectamente que no podría derribar a nadie con éste, pero qué más, necesitaba un objeto en su ejército –que sólo estaba formado por él y su plumero- para atravesar la casa y salir a la intemperie en busca de su salvación. Descalzo, iba rondando los árboles del jardín. No quería hacer ruido porque desconocía el instinto de supervivencia de los fantásticos polífagos, capaces de irradiar esa luz. Pisada tras pisada, fue comprobando como el resplandor desaparecía ante su presencia. Los agarró, los manoseo, los agitó, los amainó y los aplastó. Los amontonó, los separó, los subió y los bajó. Los masacró. Pero nada. No había forma de que prendieran una vez apagados. No había extorsión posible. Nada, no había nada. Tendría que vivir tantas noches como días. No iba a poder obviarlas, transformarlas, ni prenderlas, su máximo deseo. La oscuridad estaría siempre con él, cada mañana, cada día, ahí, amenazándolo con la llegada de la noche, con la eternidad de las horas, con el vacío incesante del silencio en los apagones nocturnos. Estaría con él, formando parte de su vida y su futuro. Desde ese día, lo irremediable se acomodaría en su entorno para no dejarlo vivir en paz, para imposibilitarle la completa tranquilidad de su futuro; se instalaría en su camino sin dejarlo tener los clásicos sueños infantiles que años más tarde se recuerdan en las noches.

Sentado sobre el tronco de un sauce, Fabián no lloró. Plumero en mano, quiso imaginarse la noche con la luz del día, quiso que las horas pasen, que se detengan en la mañana y nunca, nunca vuelvan a correr. Pero nada.
Llegada la mañana, volvió a la casa. Cada objeto parecía estar en su lugar, pero quién sabe –pensaba Fabián- los caminos que habían andado en la noche, los crímenes que habían cometido y los funerales que se habían festejado.
Las noches pasaron. Los años. La vida. En un arrebato adolescente, Fabián recordó sus miedos infantiles, la oscuridad y ese maniático silencio. Una noche, salió otra vez al jardín; con su plumero, y esta vez, con un cordón y unas llaves. En cada pluma colocó una luciérnaga, las ató de manera que no murieran estranguladas pero que tampoco puedan escaparse. Con las llaves no hizo nada, pero una vez puesta cada luz en su hoja de plumero, volvió –casi sin miedo- a su mundo interior. Todo estaba en su lugar. Se acostó en su cama y puso su nueva lámpara lampírea a un costado, en la mesa que no era de luz. Se durmió mirando las pequeñas larvas apagadas, deseando en cada parpadeo abrir los ojos y verlas, prendidas, irradiando su magia. Pero nada.

Con los días, las luciérnagas comenzaron a reproducirse. Al parecer, sólo había dos hembras y en momentos de extrema desesperación, prendían sus diminutas luces para que los machos de las plumas más cercanas las rodeen, las cobijen, las contemplen. El plumero se convirtió en un criadero de larvas, nacían, crecían, se reproducían, algunas escapaban y otras morían. Al morir, se despegaban de la pluma como hojas secas. Amarillas, caían al piso y eran barridas sin pena.

A pesar del esfuerzo de Fabián, no se apuraron en prender como el quería, sino que lo tomaron por sorpresa cuando ya era grande. Tenía casi 30 años cuando, una noche, despertó sobresaltado. Los bichitos de luz se habían prendido formando una especie de lámpara natural que hasta daba calorcito. Su sueño, su deseo, aquella lejana y gastada fantasía había llegado a su vida cuando las noches se habían acortado y los miedos se habían superado. Cuando la infancia había empezado a asemejarse con el recuerdo de otra vida, con la inocencia perdida, con la mirada ausente de su yo adulto, que a veces recordaba con pasión y nostalgia como las cosas simples habían ido perdiendo sentido, volviéndose mediocres, apagándose.

La luz de las luciérnagas lo acompañó en cada desvelo, en cada cuento, en cada sonrisa. Su plumero se volvió lámpara, la oscuridad se hizo luz y los sueños, siguieron siendo sueños. Las llaves, nunca las perdió.

Un día cualquiera, Fabián se hizo viejo. En medio de sus olvidadizos días, reconoció que sus luciérnagas ya no eran las de antes. Prendían y apagaban en momentos necesarios, pero a veces equivocaban el día con la noche y pasaban horas enteras al rayo del sol, que entraba por la rendija de la ventana. Sin embargo, su luz no era la misma. Tal vez, habían cambiado el color o quizás fuera Fabián, que los años habían debilitado su vista y entonces, ya no veía las cosas como antes. Pensó que se trataba de una predicción, que los bichitos de luz, tiernamente llamados así, se apagaban porque él se estaba muriendo, porque era viejo y con su alma, también querían partir las luciérnagas más viejas, y las más jóvenes, y abandonar el plumero. Creyó que representaban su vida, que como él, estarían apagándose para no volver y ser recordadas como las luciérnagas que vivieron en las mágicas plumas del plumero.

Pero nada. Aunque ancianas y cansadas, las larvas siguieron ahí, iluminando las noches de Fabián, que en el mismo momento en que empezó a desear que las luciérnagas fueran libres, comprendió que nadie se aleja más de las cosas que cuando las busca[1].

Ornella.


[1] El Druida, Charlas de MSN, Buenos Aires, 2010.

Nov 22, 2009

Vuelven.

When you're lonely and you start to hear
The little voices in your head at night
You will only sniff away the tears
And you can dance until the morning light
At what price?
-Sunday Morning Call-
Oasis.


Esta vez no me alcanza, el domingo no me alcanza para expresarme, para encontrar las palabras y poder sacar afuera esa madrugada de silencios que sólo refleja sobre mí todos los pasos que di sin saber quien soy. Mientras todos duermen y suena la misma vieja canción, escribir se vuelve un vacio y cantar deja de ser un trauma mayor. Esta vez, la vida es hermosa y sólo soy yo, sola.
Escondida en el disfraz de la mujer que ya no soy, alumbrada por los sueños que tuve cuando no tenía nada. No los olvidé, los abrazo cada noche y los suelto cada mañana, con la esperanza de que se vayan y encuentren un refugio mejor. Pero vuelven.
Vuelven cada vez que alguien te nombra, cada vez que escucho esa canción. Vuelven cada vez que va llegando el verano y yo me encuentro buscándote, como esa vez. Vuelven audaces, armados de fuerza, de firmeza. De valor para romperse otra vez. Vuelven como si volvieras vos, con tu manía de reírte y arrasar, con esa manera de envolver mi mundo y hacerme creer que no es nada sin vos. Vuelven con cada historia en la que no encuentro el coraje de querer, como te quise a vos.
Pero los sueños no vuelven solos, vuelven con tus besos, con tus abrazos, con todas las mañanas y todas las noches, incluso las eternas en las que me juré olvidarte y ya ves. Te juro que lo intenté.
Vuelven cargados de energía, de alegría, de distancia y de amor. Vuelven como si volvieras vos. Vos con tu risa apagándose, con tus ojos perdidos y tu misterio interior. Con tu muralla infranqueable, con la distancia que te aleja y te separa de ese que fuiste, que eras; aquel hombre que solo permanece vivo en la oscuridad de tus ojos, en el tono de tu voz, en la suavidad de tu piel. Vos con tu música, con tus manos marcadas por un destino que desearía conocer. Con tus besos vacíos y la misma forma exacta en la que cabes en el espacio abandonado, que dejaste el día que te fuiste de mi vida.


Ornella.

Nov 16, 2009

It still...

Poets often describe love as an emotion that we can't control, one that overwhelms logic and common sense. Thats what it's like for me. I didn't plan on falling in love with you, and I doubt that you planned on falling in love with me. But once we met, it was clear that neither of us could control what was happening to us. We fell in love, despite our differences, and once we did, something rare and beautiful was created. For me love like that has happened only once, and thats why every minute we spent together has been seared in my memory. I'll never forget a single moment of it.

-The Notebook-

Oct 3, 2009

Caminante, no hay presente.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
-Antonio Machado-.



Son las reminiscencias de un pasado infructuoso que no viví. El dolor de lo oscuro y la antigüedad de los sueños. La dulzura de saberme feliz e inalcanzable. Aquellas imágenes imposibles de mi infancia que si existieron, dejaron un vaho errante y meditabundo del que nunca me desarraigué. Lo que se queda no tiene nombre. No hay descanso ni resultado ni luz ni opacidad. Sólo un viaje solitario sin punto de llegada. Siempre, más allá.
Quisiera estancarme, anclar en algún lugar. Que al fin un sueño cumplido me dure, me arrastre, entierre mis pies en la arena como el agua de mar. Que no haya más cielos estrellados de deseos que nunca llegan. Que no haya más pasión. Encontrarme en una esquina que no doble nunca, seguir siempre, sin avanzar equivocada por ese tiempo que pasa, que evita, que evade, sin piedad. Que no haya más despedidas. Se quede la voz ronca de la mañana vislumbrando el presente, omitiendo todo lo que pudo ser, y no. Olvidar el amor y encontrarlo. Permanecer invencible, inmortal, incondicional. No volver a sangrar.
Es un camino que no se bifurca; no me despide. La memoria contrayéndose para no pensar. Sin imaginar esos días lejos de acá.

Sin olvidar. Quisiera volver a caminar esos días felices en los que te inventé.

Ornella.

Jun 28, 2009

Otra vez.

-I hope you know, I hope you know
That this has nothing to do with you
It's personal, Myself and I-
Big girls don´t cry, Fergie.




Otra vez, es la voz del silencio, ese vacío enorme que retumba en los agigantados escondites de mi alma. Sin embargo, es la primera vez que me pasa, no sé qué voy a hacer mañana, cuando amanezca y no encuentre tu voz. Tus caricias diurnas y tus besos gastados. Sé, como tantas otras veces, que un día el recuerdo va a ser dulce y apacible, casi inofensivo. Pero siempre va a tener este lado, el de la culpa.

Te perdí. Pero no es como esa vez en la que perder fue un juego y el amor una trampa. Esta vez, perdí yo, con mis sueños, mis sonrisas y mi manera de no querer querer. Sé que soy una ilusa y que, cuando leas esto, vas a correr a decirme que ahí estás, que me querés y que, cruelmente, depende de mí. Y sin embargo, yo ya perdí. Porque no estás y aunque corras y llegues, no vas a estar. Porque no está a tu alcance, porque no podes socorrerme. Porque no hacen falta tiempos, ni promesas, ni abrazos de consuelo ni palabras tontas: no alcanza el amor. Otra vez.


Ch.

Jun 6, 2009

M.F.

Ya no es mágico el mundo.
-Borges-

Sé que no puedo darte lo que más querés.
Nada va a devolver la inocencia que perdieron tus ojos.
sobran las palabras, pero no los abrazos.
Impotencia.

Sé que no alcanza ningún después
nada va a llenarte,
ni siquiera las esperanzas.
Violencia.

Sin paz, sin luz al final.
Nada va a merecer tu sonrisa.
Nada, un nuevo día.
Desolación.

Pero, del otro lado, alguien te quiere.
Alguien te cuida.
Alguien te escucha.
Alguien,
y también, yo.



Ornella

May 25, 2009

Podés, pero siempre.

-es tan lindo saber que usted existe-
-Mario Benedetti- Hagamos un trato.


Repito tu nombre, incansablemente. Es necesario que hagamos ese trato, en el que yo pueda invocarte y vos, siempre, puedas huir. Que yo camine a tientas en la oscuridad de lo turbio y vos, siempre, sigas sonriendo a mi ocurrencia fugaz. Que yo, siempre ciega, te encuentre distinto. Que la incertidumbre, siempre, avive la chispa del deseo. De este anhelo. Incesante. A contramano.


Es necesario que busques, que ilumines tu pozo de nostalgias. Que el futuro, siempre, sea ese entrevero del porvenir añorado. Ese abrazo. Despojarte de lo amargo que te espía por la vida. Es el tiempo de agujas, mientras el cielo se desprende de esa tristeza atónita, vulgar, mundana.

Podes huir. “Aunque mi voz te espere sola en su azar”… Podes amar la soledad, el frío corazón y aprender otra piedad. Podes encogerte, despeñarte. Caer en el abismo. Seguir sumando ceros. Podes ser el árbol, enterrado, de los frutos más agrios. Podes escuchar otros diluvios y destrozar otros paraísos. Podes resentirte con la Teoría de conjuntos y la armonía empalagosa del amor.


Pero siempre. Siempre estarás a mi alcance. Siempre habrá coordenadas inalcanzables y deseos más profundos. Siempre estará mi trato, mi tregua. Siempre mis manos, para prender esa luz. Siempre mis ojos y mis sueños puestos en vos. Siempre estará la paz en mi piel sumándose a la tuya. Siempre la invitación a la lluvia chocando con los, siempre, sueños del cielo. Y siempre habrá un terrón de dulzura para mirarte a los ojos.

Ornella

May 16, 2009

A mi manera.

Si aún sabiendo que mentías, me callé…
y me preguntas si te amé… ¿lo ves?
–Alejandro Sanz-


A mi manera, te regalé cada rincón de mi soledad. Llenaste los huecos más austeros y los dolores más calmos. Supliste las ausencias con tu encanto y dormiste tranquilo, enredado en mis brazos. Entrelazadas las manos y las sábanas, siempre. La costumbre de dormir del lado izquierdo.


Una lagrima, mitad triste y mitad dulce, cayendo por la mejilla izquierda (la misma que se apoya en tu abrazo, en tu sueño) me lleva, en recuerdos, a esa tarde lluviosa y apagada de aquel julio moribundo. Yo parada frente al altar de mi refugio. Bendito Santo que me acobijó en sus plegarias. “No lo saques de mi vida”- repetí sin cansancio, una y otra vez. Necesitaba respuestas y noches mejores, buscaba paz.


"If you are ever in a praying situation with Him: Be Specific! Include certain clauses. It's not enough to assume that if a person lives they'll be okay... Cause God has a wicked sense of humor. And even though he knows you mean more, he'll only give you exactly what you ask for."
-The Safety of the objects-



Casi dos años, de esa tarde oscura y nublada. Pasaron las nubes y los rencores. Muchas mujeres pasearon, tomadas de tu mano. La misma de la caricia justa, de la mirada triste. Son los mismos. Los brazos que abrazan, la boca que besa, el cuerpo fingiendo. Sigue intacto el chusmerío barato: Ella/s, unos días y yo. Se que alguna vez fuiste mi hermoso y mi príncipe, pero no consigo evocarte. Cada beso se amalgama con el resabio de tus deseos más perversos. ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos felices años de matrimonio cuando nos enteramos que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo?

El desamor viene gestándose hace meses, tal vez años. Cada uno de los recuerdos prohibidos vuelven, cada noche, a traerme esa imagen tuya que detesto, esa que odio. Ese mío tan distinto a aquél. Mi empeño de arrancarte de lo frágil y amargo de la vida, se volvió una promesa rota. Ya no te quiero, es cierto. Pero cuánto te quise. Todos los sueños que te soñaron alguna vez, están heridos de muerte.

Finalmente, me despido del amor que quebraste. De cada uno de los besos que anhelaron esa química. Me despido de la espera, del cuadernito que tiene escrito tu nombre más de mil veces. Me aparto del camino empedrado, de la subida constante y eterna, que sólo me brindó un sentimiento de vértigo y angustia. No me despido de vos, estás en mí y no puedo borrarte. Me despido, otra vez, de la ilusión, del amor y del futuro con vos.


Gracias Ismael. Gracias Schlink. Gracias Neruda.
Ornella

May 12, 2009

Conformidad de las Cosas VI.

Nube Negra.
-Gracias Joaquín-



Sólo quiero decirte que te espero al otro lado de tu nube negra. Cuando el verano derrita tu cuerpo vacío, cuando el frío te queme por dentro.
Te espero con las luces de ayer, en los amaneceres del mañana. Al otro lado de la vida, cuando ya no exista nada. Allá también te espero.
Sólo quiero decirte que te espero. En el viento, en el miedo, en los espejos y en la cama. Al otro lado de tu nube negra.



Ornella

May 11, 2009

Tempus Fugit.

A veces es tarde, el tiempo no alcanza.
No pasa, no corre más.
Se detiene en un segundo que es eterno y está roto.
Un minuto en el que el mismo tiempo está roto.
Porque no puede darte nada.
Porque no vive, porque sólo son fracciones de segundos destruidas.
Porque no hace falta mirar el sol.
Porque no hay claridad.
Sigue oscuro como esa vez.
A veces es tarde, para volver a trasladarse.
Para cruzar puentes.
Para alcanzar sueños y metas.
A veces, no camina, no avanza, no hay.
No hay más.

Porque están desechas las horas, los días, los años.
Todo ha sido derrumbado.



Ornella